Serie Z 2012

Category : Crónicas · by Nov 15th, 2012

Bendito festival y bendita locura.

Porque para montar un evento como este, en noviembre, en un lugar como Jerez, tradicionalmente alejado de las giras que montan los grupos consagrados, y en una sala con capacidad para 800 personas, hay que estar o loco, o estar perdidamente enamorado del arte. Y más después de la suspensión del festival en 2004, tras las grandes ediciones de 2002 y 2003, por donde pasaron grupos como Quireboys, Twisted Sister, Junkyard, Dictators o Radio Birdman. Por suerte para todos, en 2011 el festival volvió y, después de la magnífica edición de 2012, de grandísimo nivel, esperemos que para quedarse definitivamente.

Viernes 2 de noviembre

La banda vitoriana Arenna abrió el festival, con su sonido Stoner. Un servidor no tuvo la oportunidad de verlos pero por lo que me comentaron, estuvieron más que bien (por lo que tengo entendido, en directo son valor seguro), interpretando temas como “Fall Of The Crosses” de su magnífico “Beats of Olarizu“.

El power trio Pontus Snibb III fueron los segundos en tocar y confirmaron las buenas sensaciones que ya ofrecieron en el Azkena Rock Festival. Tocaron temas de sus dos trabajos “Admiral Street Recordings II” y “Loud Feathers”: “Hounds of Hell”, “Saviour”, “Bullet“, el magnífico medio tiempo “Chasing Down A Dream” e incluyeron un cover de Steve Miller Band, “Rock’n Me”. Notable concierto.

 
El siguiente fue el bluesman Scott H. Biram que con su sola presencia y la de sus guitarras fue capaz de llenar el escenario en un gran bolo, en el que interpretó con una fuerza brutal temas como “Still Crazy, Still Drunk, Still Blue”, “I Want My Mojo Back”, “I’m Goin’ Home” o “Judgement Day”. Después de su último canción, se despidió dejando una guitarra acoplada, toda una declaración de intenciones. Grande.

Bonafide fueron la primera sorpresa del día. Las referencias previas hablaban de una banda simplemente correcta en vivo, pero lo cierto es que en Jerez dieron un concierto excelente con su hard rock de corte acedecero. Pontus tocando y cantando como siempre (muy bien) pero arropado por una sólida banda, en la que destacó Martin Ekelund, excelente bajista. Empezaron a todo trapo con “Doing The Pretty” y “Dirt Bound“. Durante “The Mess” Pontus bajó a tocar entre el público para enfrascarse luego, al final de “Down”, en un duelo guitarrero con Mikael Fässberg, el guitarra rítmica. Nos regalaron una versión de “Nice Boys (Don’t Play Rock’n Roll)” de Rose Tatoo, que aparece en su último trabajo, el EP “Old, New, Tried & True” y finalizaron por todo lo alto con la brutal “Fill Your Head With Rock”. Días más tarde confirmaron en la sala Rocksound de Barcelona que lo de Jerez no fue flor de un día, poniendo el local patas arriba. Bien por ellos.

Blayne Cartwright, que ya estuvo en Jerez en ediciones anteriores con Nashville Pussy y Nine Pound Hammer, no podía faltar. Vino a presentar su nuevo proyecto “Hail Jesus” con los Kentucky Bridgeburners, por lo que me comentaron (yo estaba reponiendo fuerzas después de casi 4 horas de bolos sin apenas pausa) fue un auténtico pelotazo de Rock’n Roll, con temas como “Hail Jesus“, “Don’t Knock” o “Look Up The Bible”. Aprovechando que su larguísima gira pasa por Barcelona (también en la Sala Rocksound), esta vez no voy a perdérmelos.

No lo tenía muy claro a priori con Leaf Hound, un caso parecido al de Pentagram: banda de culto, reconocida como influencia por bandas actuales de Stoner, pero que no se prodigan mucho en directo y de trayectoria muy errática, con solo dos discos publicados en casi 40 años, “Growers of Mushroom” (1971) y “Unleashed” (2007). Craso error, a pesar de que el único miembro original que queda es el cantante Peter French, su bolo fue excelente, destacando sobre todo Luke Rayner, soberbio guitarrista. French también demostró estar en buena forma (fondón pero luciendo brazos de leñador), perfecto de voz y con un aspecto juvenil. Lo cierto es que bordaron temas como “Growers of Mushroom”, “Freelance Fiend”, “Breakthrough”, “Barricades”, “Stop, Look & Listen” o “Too Many Rock’n Roll Times”, en los que Rayner se salió.

Llegaba el turno de los Flaming Sideburns, que prometían diversión con su Rock’n Roll entre garagero y stoniano. A pesar de empezar algo fríos, se fueron entonando con temas como “Swimming in Bombay“, “La Bruta”, “13 women” o “World Domination”. Su frontman, el argentino, Eduardo Martínez acabó conviertiéndose en el perfecto maestro de ceremonias, vacilando con sus maracas y metiéndose entre el público para acabar colgado de la estructura de luces del escenario, casi dos metros bien buenos. Adrenalínico bolo en el que destacaron dos de mis temas favoritos: las stoogianas “Loose My Soul” y “Street Survivor”.

El plato fuerte de la noche llegó casi después de 9 horas prácticamente ininterrumpidas de actuaciones: Los Wishbone Ash de Martin Turner empezaban su actuación con un “The King Will Come” que sonaba perfecto. Tras él un puñado de temas clásicos como “Throw Down The Sword” o “Warrior”. Y un servidor que se retiró a media actuación, que después estaba previsto un postconcierto que prometía ser largo (y lo fue).

Sábado 3 de noviembre

La larga noche postconcierto hizo que mi jornada del sábado empezara con el trío holandés Vanderbuyst, banda de la que no tenía ninguna referencia. Grupo de onda NWOBHM, hicieron un show lleno de fuerza en el que incluyeron temas propios como “To Last Forever” y una versión de “Rock Bottom” de UFO. No van a cambiar la historia de la música pero lo que hacen, lo hacen muy bien.

Y con White Cowbell Oklahoma llegó la fiesta. Ya les había visto teloneando a Michael Monroe y me habían causado muy buena impresión. Ciertamente su Hard Boogie sureño puso patas arriba la sala y con su carisma escénico se metieron a la gente en el bolsillo. Esta vez no pudieron hacer su ya clásico Show del rollo de papel y la sierra mecánica pero dio lo mismo. Clem Rock bajó a tocar entre el público, paseándose por toda la sala y Chainsaw Charlie, el maestro de ceremonias y experto en efectos especiales, hizo otro tanto, repartiendo bourbon a diestro y siniestro, animando al personal y prendiendo fuego a su cencerro. Tocaron sus temas habituales como “Cheerleader”, “Monster Truck” o “Put The South In Your Mouth”, una versión de “Speed King” de Deep Purple y canciones de su último trabajo (“Buenas Nachas”) como “Diabla Diabla” o “Get Back To The Groove”. Arrolladores.

Clase, ese es el adjetivo con el que definiría a Jim Wilson, un músico que no ha alcanzado todo el reconocimiento que merecería. En el Serie Z traía bajo el brazo su primer disco en solitario “Bleeding”, un muy buen trabajo. Empezó el concierto con la instrumental “Heavy Petting”, que enlazó con “Bleeding“, tema muy guitarrero de potente riff. Pronto quedó de manifiesto que la base rítmica que le acompañaba no eran Mother Superior, sino dos temporeros que se limitaban a cumplir. Comparaciones injustas al margen, el amigo Jim dio el 100% y cantó y tocó de maravilla en todos los temas, tanto los nuevos como “Honest Mistake” o “Holdin’ Out for Love”, como los de Mother Superior: “Beg Borrow Steal” o “Jadded Little Princess”. Muy bien.

Y ya que hablamos de clase, el mismo adjetivo podríamos ponerles a Dan Baird & Homemade Sin, toda una constelación de musicazos, empezando por el propio Dan, el excelente batería Mauro Magellan (que ya estuvo con Baird en los Georgia Satellites) o Warner F. Hodges (ex-Jason & The Scorchers), un tío que es carisma en estado puro. Como en el caso de Wilson, que esta gente no sean más conocidos es pecado mortal e injusticia cósmica, pero así son las cosas, por desgracia. Su concierto fue puro homenaje al Rock’n Roll, con temas de su disco homónimo, “Damn Thing To Be Done”, “Crooked Smile”, el imprescindible “Keep Your Hand To Yourself” de los Satellites, la buenísima “I Love You Period” o intercalando fragmentos de Lou Reed (“Sweet Jane”), Creedence (“Proud Mary”) y Ramones en “Two For Tuesday”, para finalizar con “Keep On Rockin In The Free World”. Brutal. A pesar de no tener un gran sonido (cosa extraña en un festival en el que todo el mundo sonó bien), el suyo fue un bolo para sacarlos a hombros. Uno de los grandes triunfadores.

Está visto que en este festival algunos grupos se confabularon para cerrarme la boca, pues otra de las bandas con las que no lo tenía muy claro eran Warrior Soul que, claro está, se salieron. Seguramente el suyo fue el concierto más intenso del festival, pura contundencia, con un Kory Clarke en estado de gracia. Kory es un frontman a la antigua, de los que ya no quedan: arrogante, más chulo que un ocho, con total dominio del escenario y con un registro vocal más cazallero que nunca, hacía padecer oirle cantar.

Empezaron su set con “Drugs, God & The New Republic”, sonando duros y solventes (algunos miembros de la banda son músicos reclutados aquí). De aquí hasta el final no hubo respiro alguno: “Fuck The Pigs”, “We Are The Government”, “Junky Stripper“, “Rotten Soul” o “Love Destruction”, celebrada por todo el público puños en alto. Tremendos.

Y llegaba, para mí, el momento más esperado del festival, la actuación de Y&T. “Earthshaker”, “Black Tiger” y “Mean Streak” fueron parte importantísima de la banda sonora de mi (ya lejana) adolescencia y poder verlos por primera vez (maestro, una sección de cuerdas aquí, por favor) era algo muy especial para mí. Y si algo me quedó claro desde el principio es que Dave Meniketti fue, es y será un puto monstruo por el que no pasan los años. Inicio arrollador con “Black Tiger”, “Hard Times” y “Dirty Girl” y Meniketti cantando como si no hubiera un mañana, con la misma voz que hace 30 años.

Momentos de piel de gallina a porrillo: “Midnight in Tokyo” (con una intro estremecedora), la instrumental “I’ll Cry For You”, el homenaje al fallecido Phil Kennemore en “Squeeze”. Tocaron temas de casi todos sus discos, incluído el último, “Contagious”: “Mean Streak”, “Rock’n Roll Is Gonna Save The World”, “Rythm or Not”, “Hurricane” o “Winds Of Change”. Se les veía a gusto y, además, eufóricos porque era el último concierto de la gira, como dijo Meniketti al presentar “Coming Home”: Nunca el título de una canción había tenido tanto sentido.

Y el tramo final fue de traca: “I Believe in You” y “Forever” para acabar y “Contagious” y “Rescue Me” en los bises, combinando fuerza y melodía como sólo unos pocos son capaces de hacer. Fue el final de un bolo de casi dos horas y media (lástima que no tocaran “Open Fire” y “Lonely Side Of Town”). Apoteósico. Putos amos y un sueño cumplido.

En definitiva, un festival fantástico de un nivel artístico muy alto (no hubo, en mi opinión, ningún concierto flojo), un ambiente casi familiar, una sala espléndida (amplia y de buena visibilidad), sonido prácticamente perfecto, una organización que funcionó como un reloj, todo el staff del festival siempre con la sonrisa en la boca y precios de bebida y comida más que razonables. Probablemente lo más cercano al paraíso que podamos encontrar en estos tiempos mierdosos que nos han tocado.

Y por si todo esto fuera poco, hay que hablar del patio, el bendito PATIO (así, en mayúsculas): un lugar en el que socializar y saludar a viejos conocidos o hacer nuevas amistades; ser testigo de las idas y venidas de un ubícuo Pontus Snibb (aparecía en los lugares más insospechados de la ciudad); ver a Blayne Cartwright echándole los tejos a cualquier falda que se le pusiera a tiro; contemplar a los Kentucky Bridgeburners arrancarse por bulerías (bueno, intentándolo) o al agradable Jim Wilson repartir sonrisas y firmar discos.

¿Qué más se puede pedir? Pues, ya por quejarme de vicio, un horario algo menos frenético y un banco en el patio para que veteranos de cuerpo cansado como un servidor puedan reposar un poco.

¿Para cuándo la próxima edición?

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